En 1965, el cofundador de Intel, Gordon Moore, tuvo una
visión de futuro. Su predicción, conocida popularmente como la Ley de Moore,
plantea que el número de transistores de un chip se duplica cada dos años. Esta
observación sobre la integración del silicio, convertida en realidad por Intel,
ha avivado la revolución tecnológica mundial.
La ley de Moore no es una ley en
el sentido científico, sino más bien una observación, y ha sentado las bases de
grandes saltos de progreso.
En 2004 la industria de los
semiconductores produjo más transistores (y a un costo más bajo) que la
producción mundial de granos de arroz, según la Semiconductor Industry
Association (Asociación de la Industria de los Semiconductores) de los Estados
Unidos.
Gordon Moore solía estimar que el
número de transistores vendidos en un año era igual al número de hormigas en el
mundo, pero para el 2003 la industria producía cerca de 1019 transistores y
cada hormiga necesitaba cargar 100 transistores a cuestas para conservar la
precisión de esta analogía.
En 1978, un vuelo comercial entre
Nueva York y París costaba cerca de 900 dólares y tardaba 7 horas. Si se
hubieran aplicado los mismos principios de la ley de Moore a la industria de la
aviación comercial de la misma forma que se han aplicado a la industria de los
semiconductores desde 1978, ese vuelo habría costado cerca de un centavo de
dólar y habría tardado menos de 1 segundo en realizarse.
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